"Daredevil" (1964): origen e historia editorial del Diablo Guardián
El Universo Marvel es rico en historias, personajes y situaciones. Esa ha sido la clave de su gran éxito a través del tiempo, en su tierra natal y en los diferentes países donde se edita. Más allá de los uniformes de colores chillones y de superpoderes más o menos extraordinarios, en la Casa de las Ideas siempre ha primado la personalidad de los personajes, es decir, se ha profundizado en el conflicto interno que produce en una persona normal adquirir superpoderes, que lo diferencian del resto de los mortales. Daredevil
Este conflicto es el que rige sus acciones, sobre todo si escoge ponerse al lado de la ley, más que nada porque aunque en ese bando se puede obtener fama y reconocimiento, eso raramente se traduce en una mejora del nivel de vida del individuo en cuestión. De esta manera, los superhéroes de Marvel son de una madera especial y, gracias a unas sólidas convicciones adquiridas por su educación, situación, o por alguna tragedia personal, se dedican a defender la ley pese a los problemas que eso les pueda acarrear.
Uno de los personajes más interesantes de la editorial es Daredevil, personaje del que hoy desentrañaremos sus orígenes editoriales. Matt Murdock tiene varias peculiaridades que lo hacen especialmente original, aunque en el fondo reúne todo lo mencionado anteriormente. En primer lugar es ciego, defecto que compensa con un sentido de radar, que le permite percibir el entorno en muchos aspectos mejor que si tuviera vista. Y ya está, no tiene ningún superpoder más. Es ágil y fuerte, sí, pero dentro de lo normal. Esto hace que sus objetivos no puedan ser espectaculares. No puede enfrentarse a invasiones extraterrestres ni a grandes amenazas cósmicas, pero ni falta que le hace. Su campo de trabajo es la ciudad, los bajos fondos y la lucha contra la mafia.
Pero no actúa como justiciero que es a la vez juez y jurado, porque el hecho de ser abogado en su vida civil le hace ser especialmente respetuoso con las leyes. Lo que no deja de ser contradictorio ya que la ley no permite los justicieros disfrazados. Esta contradicción no hace sino enriquecer tanto al personaje como sus aventuras.
El origen
Por mucho tiempo, Daredevil fue conocido por ser el último de los grandes héroes creados por Stan Lee —junto a Bill Everett—, algo así como el eterno segundón. A día de hoy parece indignante, pues dicho así no parece que el personaje sea gran cosa, pero lo cierto es que durante muchos años esas fueron las frases utilizadas por los aficionados al cómic de superhéroes para definir al vigilante escarlata. Todo eso cambiaría recién a finales de los '70 con la llegada a la serie de un desconocido joven llamado Frank Miller, pero no adelantemos acontecimientos, falta mucho para llegar ahí.
Estamos en 1964, y Marvel Comics Group es un hervidero de ideas. Desde la aparición de los Cuatro Fantásticos en 1961, todo lo que sacaban al mercado parecía estar tocado por una gracia divina: Spider-Man, X-Men, Avengers, Thor, Capitán América, etc. La imaginación de Stan Lee y los artistas Jack Kirby, Steve Ditko y muchos otros parecía no agotarse nunca. Sin embargo, para ese año la explosión creativa ya se había estabilizado y la editorial llevaba varios meses sin sacar ninguna nueva serie, por lo que Lee decidió que era hora de añadir un nuevo héroe a su cada vez más consagrado firmamento de estrellas de las viñetas, pero definió que sería uno muy especial.
A lo largo de estos casi 4 años, Lee se había percatado de que lo que más gustaba a los lectores no era que los héroes fueran muy poderosos, tal y como en DC Comics habían creído durante mucho tiempo, sino todo lo contrario. A los lectores les atraía el hecho de que tuvieran problemas, que tuvieran debilidades con las que poder identificarse. Y con Daredevil, decidió llevar ese concepto al máximo, haciendo que su héroe sea ciego. Sí, como dijimos, tendría los otros sentidos amplificados y dispondría de una especie de sentido de radar que supliría en parte su falta de visión, pero igualmente seguiría siendo ciego, o sea, necesitaba su superpoder para desempeñarse en su vida diaria.
Lee se había visto influenciado por la colección de libros Dunclain Maclain, protagonizados por un detective que era capaz de hacer su trabajo a pesar de ser invidente. Aunque parecía difícil trasladar este concepto al ámbito del superhéroe, el guionista también recordó que una de las características de las personas con discapacidad visual es el aumento en la agudeza de sus otros sentidos, como una forma de paliar en parte su pérdida. En este caso, la percepción de Murdock se multiplicó a extremos, llegando al punto de dotarle de un sentido de radar que le permitía "ver" el mundo, quizá incluso de mejor forma que las personas con la vista intacta.
Mientras desarrollaba todo este planteamiento, Lee pensó que un hombre ciego debería ser más que valiente para enfrentarse al crimen, que debería ser un auténtico temerario. Y ser un temerario, en inglés es ser un daredevil. Asimismo, recordó que años atrás se habían publicado cómics de un personaje llamado Daredevil, pero el paso del tiempo había hecho posible que el nombre pudiera ser utilizado, al no estar ya en propiedad de nadie. Así que no dudó en llamar a su protagonista de la misma forma.
El arte del cuernecitos
Así las cosas, solo faltaba la parte artística para que el proyecto despegara definitivamente, aunque esta tiene una historia tortuosa. Tras definir que era imposible contar con sus colaboradores habituales, Stan pensó en Bill Everett, artista que durante la Edad de Oro fue fundamental para el nacimiento de Timely Comics, el primer nombre que tuvo Marvel, por ser el creador de Namor. Sin embargo, Everett estaba desde hace un tiempo desconectado del mundo del cómic, pues su trabajo actual era ser director artístico en una empresa de Massachussets.
No obstante, el artista se sintió interesado en el nuevo personaje, y no dudó en reunirse con Lee para comentar los pormenores del primer número. La historia estaría enmarcada en los bajos fondos neoyorquinos, y contaría la historia de un joven que obtendría grandes poderes al quedar ciego. También se mostraría la especial relación con su padre Jack Murdock, antes de convertirse en abogado y posteriormente en Daredevil, así como la aparición de secundarios como Foggy Nelson y Karen Page.
Stan quedó a la espera de recibir las páginas de Everett, pero esta fue tan larga que publicar el número en el verano de 1963, como era la intención inicial, se haría imposible. El dibujante reconoció que sus obligaciones con su empleo 'real' le impidió cumplir su compromiso. Aún más, cuando se recibió, el trabajo no estaba completamente terminado, por lo que los acabados tuvieron que ser realizados por Steve Ditko en las oficinas marvelianas. Mientras, la ilustración usada en portada fue hecha por Jack Kirby, quien también tuvo la idea de que el bastón del personaje fuera en realidad un artefacto multifuncional.
Finalmente, Daredevil #1 vería la luz en abril de 1964. Todos los problemas de la parte gráfica decantaron en que el titulo tuviese poca y nada de promoción, pues para esta ni siquiera se contaba con la portada completa. Como los compradores tendrían poca información visual para detectar la novedad entre el resto de comics, Lee tomaría decisiones un poco extremas. En la cubierta de The X-Men #1, por ejemplo, se podía leer un cartel que rezaba "In the sensational Fantastic Four style!" como cebo, sin embargo acá se tiró la casa por la ventana, hasta el punto de utilizar directamente la imagen de Spidey y los 4F en la tapa, como reclamo imprescindible para los potenciales compradores.
No recuerdo haber visto otra cubierta que presentase personajes tan prominentes que no aparecían en el interior, lo que nos podría parecer una completa estafa. No obstante, reclamar eso ahora parece ventajista, pues solo podemos especular la presión a la que se enfrentaba Lee como editor en jefe a medida que pasaban los meses sin recibir las páginas de Daredevil #1, y de hecho, se ha comentado en algunas ocasiones que la editorial perdió mucho dinero con el retraso, por lo que parece razonable que se deseara asegurar al máximo la comercialidad de la nueva colección, aún a costa de sucias maniobras de marketing.
Con todo eso, claramente Everett no seguiría en la colección, así que para las siguientes entregas se recurriría a Joe Orlando y Vince Coletta, equipo creativo que se ocuparía solo de los próximos tres números, tanto porque su trabajo no fue de la calidad esperada, como por desavenencias con Lee, o más bien, una falta de conexión artística. A continuación, llegaría Wally Wood, artista que tenia una admiración mutua con Lee. Esta relación se vio correspondida por una serie de capítulos de gran calidad que además sirvieron para consolidar el personaje. Tanto así, que podríamos decir que Wood fue el tercer cocreador de DD, porque su contribución, tanto en el apartado estético del protagonista como en el desarrollo del resto de personajes fue absolutamente decisiva.
Tras un comienzo un tanto dubitativo, el tándem Lee - Wood alcanzaría total propiedad en Daredevil #7. En sus páginas, Murdock se enfrenta a Namor, en un choque cuyo propósito radica precisamente en la desigualdad entre ambos contendientes, con el objetivo de mostrarnos al héroe como la tenacidad personificada, como un verdadero hombre sin miedo. Sin embargo, lo más significativo fue el nuevo aspecto del protagonista, quien adoptaría el traje rojo característico, que le conocemos hasta el día de hoy.
La naturaleza de la colaboración entre ambos iría cambiando constantemente, llegando al punto que Wood era solo el entintador, sobre los lápices de Bob Powell. Estos cambios serían la antesala de la marcha de Wood, que ocurrió en Daredevil #11. La causa de su salida sería la forma de trabajar que se había establecido en la Casa de las Ideas, conocido como el Método Marvel, en el que Wood tenía la impresión de que debía contribuir demasiado en el argumento, algo en contra de lo que otros artistas también han despotricado.
Así, nuevamente el puesto de dibujante estaba vacío, y el lugar lo ocuparía John Romita, ilustrador que había vuelto a Marvel hace poco, en un puñado de episodios que se extendió hasta el #19. En ellos, la notable habilidad de Romita, apoyado por Kirby en un par de entregas, consiguió dar una estabilidad visual al titulo, que ya a estas alturas transitaba por el camino de la normalidad. Una vez más, la estadía sería corta, pues Romita se largaría a Amazing Spider-Man y aunque ahí tocó el cielo con las manos, en muchas entrevistas nunca dejó de proclamar su predilección por el cuernecitos, lo que se vio reflejado en numerosas colaboraciones de todo tipo.
Gene Colan y la leyenda
Otro de los dibujantes que había colaborado con Marvel durante los cincuenta y que volvió con fuerza en los sesenta fue Gene Colan, quien esta vez de manera definitiva, se volvería el artista de la serie, el nombre por antonomasia de los sesenta y parte de los setenta. En sus primeras entregas, Colan se encargó de ilustrar el retorno de varios personajes, desde el Búho hasta el Zancudo, pasando por el Merodeador Nocturno, Gladiador y Kazar, siendo capaz de entregar excelentes versiones de cada uno de ellos.
Desde el principio, quedó claro que la conexión de artista y personaje era total, viendo a un Colan en estado puro. Esto ocurre tanto por el tipo de personaje, especialmente dado a los movimientos sincopados, como por el entorno en New York, la ciudad de los rascacielos. Sin embargo, Colan también se ocuparía de los detalles más pequeños, y un gran ejemplo de esto lo encontramos en Daredevil #20, en la página 5, en que podemos ver que incluso una mano abriendo una puerta puede ser emocionante, sobre todo si a continuación se utilizaba el resto de la página pata la gran imagen de unos mafiosos entrando pistola en mano.
A la postre, Colan se encargó de la hoy escandalosa cifra de 81 números —Daredevil #20 al #100, de 1966 a 1973—, mas el primer Annual de la serie, en 1967. Luego dibujaría 10 entregas más, repartidas entre 1974 a 1979, y volvería para un pequeño run de 8 capítulos en 1997. Con eso, como decíamos, se convirtió en el dibujante más asociado con el cuernecitos, aquel que se nos viene a la mente si pensamos en las dos primeras décadas de vida del personaje.
Eso sí, todo cambiaría a finales de la década de 1970, cuando a la colección llegó un joven llamado Frank Miller, que en un periodo de 3 años revolucionaría por completo no solo el personaje, sino el cómic de superhéroes en general. Primero únicamente como dibujante, y luego también como guionista, Miller fue introduciendo cambios en la serie tanto estéticos como conceptuales, que dejaron a todo el mundo con la boca abierta: espectaculares composiciones de influencias cinematográficas, violencia extrema, personajes enfrentados a situaciones límite, romanticismo bien entendido, etc., que sumado al vigor y las ganas de comerse el mundo de un joven artista vieron como resultado uno de los mejores cómics de todos los tiempos, y ahora ya no hablamos solo del género de superhéroes.
No obstante, esa es una historia que merece, y ya tiene, su propio espacio. Solo resta recalcar que si bien Daredevil nació en una época feliz para Marvel, fue un personaje al que le costó encontrar el rumbo editorial. En el se aúnan todas las características que hacen grandes a los personajes de la editorial, como un férreo sentido de la justicia, las dicotomías de mezclar la vida civil con la del vigilante, y un rico elenco de secundarios.
Además, aunque siempre desde una fila secundaria, siempre ha tenido la suerte de tener autores de gran calidad narrando sus historias, así que dar una leída a cualquier etapa de Daredevil asegura diversión. Solo falta que te animes y, como hace siempre el personaje cuando se lanza a por los malos, des un salto de fe y te sumerjas en sus aventuras.





